miércoles, 23 de abril de 2008

Segundo.

Después.

Cada día
quince palabras
al vuelo
como forma de poblar
el ancho cielo.


Y no faltará aquel día:

una voz dirá que te he plagiado
en la forma del amor
unos mil versos.

Solo el inmortal sabe
-ciego que todo lo ha visto-
que las sábanas volaban
cargadas
de nubes pestañudas de palabras,
esencia de estos desvelos
desde el antes del antes
del antes
de que nacieran en mí
de que nacieras en mí.

Antes del juego.

7 comentarios:

sempre lontano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
sempre lontano dijo...

Entre los escombros de mi alma, búscame,
escúchame.
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.

Jaime Sabines.

*

Cada día
cada día
así sea
así sea...

**

El hurto es un acto inmemorial repetitivo, reiterativo entre los que escriben o mejor precisado: entre los que sienten a profundidad y que además escriben.

Entiendo lo que dices, de pronto, lees a Galeano y te das cuenta de que te ha plagiado sin haberte leído, descubres que ambos han coincidido exactamente en sentido y formas literarias. Asiento contigo en tu inquieta reflexión: si un día te animas a publicar, entonces se pensaría que eres tú el plagiario de Galeano.

Por eso nuestro desconcierto... quién plagió a quién. Mientras leía a Cortázar pensé inmediatamente en Sabines.

Pero no me cabe en la cabeza que Jaime sea el burdo plagiario de Julio, no por dios, si hablamos de Jaime, de mí Jaime, el Jaime que crió la buena tía Chofi, el hijo del Mayor Sabines, del que "se dice, se rumora que es un gran poeta", pero que antes que eso es un gran peatón, un simple gran peatón con hijos y con mujer, eterno enamorado, hombre sencillo de provincia, del que tengo un libro en una edición especial de corto tiraje con litografías del propio José Luis Cuevas y que encontré agazapado tímidamente en la estantería en una librería de viejo. Que cuando dice "me dueles" experimento ese dolor de la carne y de la sangre que se interna y que me muerde hasta lo insoportable algo dentro, muy de dentro y entonces lloro y suplico y digo también "me dueles".

Por esto concluyo, que los hombres que sienten a profundidad son bien intencionados. De esa manera el plagio se cancela, se anula, no existe. Porque el amor y el desamor son actos repetidos en una espiral y en una escalada eternizadas en la infinitud del tiempo. Es el mismo amor y el mismo desamor. Es la misma fuente en la que bebemos todos, luego provoca la misma sed. Misma agua y misma sed para todos: los de antes del antes y los que vienen delante del después de nosotros. (En este delante de nosotros casi me plagio a Sabines).

Me gusta hacer la similitud con un cordel tomado en sus extremos por dos personas diferentes. De un lado Cortázar, del otro Sabines, Sabines y Cortázar. Cada uno va enredando entre sus manos el cordel, de tal manera que hacen el mismo recorrido para -al final- llegar juntos a un mismo centro. Entonces el plagio no es tal, es la coincidencia lógica de los que han tomado el mismo camino profundo, que termina por provocar los mismos sentimientos y luego la misma intención y mágicamente casi las mismas palabras.

Ya no me sorprendo de esto, ya no temo a plagiar a Benedetti o que él me plagie a mí, ni tampoco me sorprendo de encontrar palabras cantadas por Whitman en mi propio canto interior. Sus palabras no tienen mayor mérito sobre mis propias palabras, acaso me aventajan por haber aparecido en el curso del tiempo antes que yo. Simplemente se me adelantaron.

En unos años quizás, un niño futuro hijo de alguna estrella, haga esta misma reflexión reproduciendo estas mismas palabras –que por hoy son solo mías- pero que volverán a la fuente antes que mi propio olvido lo haga. Solo de imaginarlo, me estremezco. Eso sería magia.

Téngalo presente siempre Isidore Ducasse: misma fuente y misma sed, así que cuando coincida nuevamente con Galeano en la fuente, cuando lo encuentre usted compartiendo el centro del cordel, reúnase con él y siéntase agradecido de mirarse de frente con su semejante.

Este ensayo se lo dedico con toda mi admiración y afecto.

sempre lontano dijo...

Gran Rey Kan,

La barca fondea en Zenobia, dejará jengibre y algodón y zarpará de nuevo con la estiba repleta de pistacho y semilla de amapola, pero esto no es notable.

Lo que quiero relatarte es lo que acontece cada noche desde que estoy en Zenobia. Al amparo de la hoguera que flanquea el mercado donde por la mañana los pobladores hicieran su faena de intercambios, yo y el que aparece frente a mí, cambiamos historias, de tal suerte que he dicho la palabra “lobo” y he aquí que él me devuelve esta palabra con un nuevo y sonoro sentido. Luego, he dicho “hermana” y “batalla” y ha ocurrido que él extranejro vuelca sobre mi historia sus propias historias contenidas, haciendo que mi hermana no sea más mi hermana sino la suya, y que mi batalla tenga escenas de batallas nuevas, en fin, que todas las noches este extraño, viajero como yo en Zenobia, me comparte, enriqueciendo y renovando mis palabras.

Quiero decirte Gran Rey Kan, que me he atrevido ha pronunciar la palabra amor y él me la ha devuelto transformada, no puedo explicar el prodigio del resultado. No puedo porque me ha devuelto un bello objeto de apariencia inacabada. Extrañas y novedosas formas dignas de ser solamente admiradas por tu majestuosa presencia.

Así que este original signo del amor, te lo llevo Gran Kan como uno de los tesoros más insólitos de la Tierra y el aire y el mar, pero más allá de esto: como sustancia principal de los sueños.

Podría conservarlo para mí, pero al entregártelo me libero, pues es mi genuino deseo continuar con mis travesías, quiero ser un viajero en pleno y coincidir con los ciudadanos de todos los puntos que parten del centro hacia los límites del mundo.

Ahora me dirijo a Cloe, reconocida como la ciudad más casta, pero en la que lujuria y deseo son componentes irrefutables del aire, donde los ciudadanos están prestos a la menor provocación para consumar el encuentro sin tocarse, un encuentro que jamás se da, porque de darse, se romperían los labios y los sentidos y muy probablemente algo más hondo que las aguas de tu vasto imperio.

sempre lontano dijo...

Eternamente agradecida, las ciudades invisibles ha sido una gran revelación, poética, surrealista, vamos, un conjunto de ciudades paralelas que avanzan tocando en varios puntos mis emociones.

Y este dialogo -casi romámtico- entre Kan y Polo tiene la belleza de lo enigmático.

Ha logrado persuadirme de que Italo Calvino es un esritor al que dolorosamente me había perdido, pero que gracias a usted he descubierto. Si se encuentra a Calvino en la fuente, dúgale que ha ganado mi corazón, mi conmoción, mi asombro.

Conde de LautreMont dijo...

La he leido con lágrimas en los ojos.
Gracias.

Me ha llevado, como siempre, a la ciudad donde se navega entre canales de emociones muy profundas.
Donde el rumor de aguas y el chasquido del remo atravesando el alma del río, hace a la esencia de los significados más auténticos, más allá del signo, del signo, del signo...

Nos vemos...

Adri dijo...

Dejo un saludo con alas... un abrazo...

Roberta dijo...

Qué bonito lugar, la extraña y loca sorpresa de llegar aquí es mía.

¿Será posible leer o saber algo más?